Las Barbas de Ibarra (artículo de Saturnino Acosta)
“Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar”, dice el refranero español. Sin entrar en profundidades, significa: ¡cuidado!, algo pasa que él sabe y tú no sabes, pero por si acaso, prepárate. Y es que es curioso, Ibarra se va, pero cabe preguntarse, por qué ahora. Una persona que ha gobernado toda su vida Extremadura, se despide antes de inmortalizarse en la historia de la misma, firmando el que, a buen seguro tardará poco, nuevo Estatuto Extremeño. Hubiese sido la guinda a su carrera política y asegurarse un lugar en la memoria histórica de esta gran región (que no la memoria histérica de la que se acuerda el PSOE, qué casualidad, cada vez que se acercan unas elecciones generales). Sin embargo, ese privilegio se lo cede a Vara. Qué tendrá Vara, que propios y extraños siguen preguntándose, en el mismo orden, si es extraño o propio.
Se podría y de hecho se hacen cábalas, como aludir al cansancio, salud, integridad moral, desavenencias de disciplina de partido, conspiraciones, etc. Pero aquí rompo una lanza a favor de Ibarra. Como político y persona hay que quitarse el sombrero. Nadie es capaz de gobernar tantos años sin ser buen político y el lo ha hecho. Muy pocos se pueden retirar sin ni siquiera haberle atribuido alguna relación con algún caso de corrupción. Ibarra, guste o no, se va inmaculado en ese aspecto. Chapó.
Pero honrados los hay a millares. Un buen político consigue llegar a gobernar, lo cual no quiere decir que gobierne bien. El político no da de comer, el buen gestor sí. Ibarra ha sido el David Copperfield de Extremadura. De su chistera de mago político han salido más conejos rosas que de la revista Playboy. Siempre consiguió crear ilusiones ópticas que transformasen la realidad en ficción.
El buen gestor no entiende de estadísticas, el buen gestor no crea ilusiones, el buen gestor no pretende ser simpático, el buen gestor localiza problemas y los resuelve.
Pero el buen gestor no usa chistera. El gestor no lee “sus periódicos” que dicen lo bien que lo estamos haciendo, prefiere fijar su atención en como su vecina se pasa sábado y domingo cocinando para que sus hijos en Madrid sigan comiendo la comida que su madre le hacía a ella. Prefiere buscar empresas a crear espacios para que se coloquen no se sabe qué empresas. Prefiere tener médicos a hospitales de lujo. Prefiere educar en las nuevas tecnologías a adquirirlas sin más. Prefiere plantar aquí, en nuestra tierra, para que no nos “planten” allí, más allá de ellas. Prefiere ser el último de los listos al primero de los tontos.
Se va el último Barón y se va con todos los honores, por eso se va. La magia se acabó y sabe que llega el tiempo de los buenos gestores. Demasiado tiempo vendiendo humo.
El PSOE Extremeño está en alerta roja. Sus cimientos se tambalean, sus dirigentes están excesivamente nerviosos, lo que significa que saben que pueden perder.
El cambio no solo es posible es NECESARIO. Como dijo otro buen político “se puede engañar a muchos por poco tiempo, a unos pocos por mucho tiempo pero es imposible engañar a tantos durante tanto tiempo”.
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